martes, 17 de junio de 2014


¿Los videojuegos pueden ser considerados como el décimo arte?
Fuente: El Carabobeño


Estamos en una sociedad donde todas las cosas están evolucionando a un ritmo sin precedentes y con mucho ajetreo. A la vuelta de la esquina, siempre habrá un producto nuevo en el mercado y siempre habrá algo nuevo que contar. Asimismo, como el mercado, las economías y las sociedades evolucionan, también lo hacen las culturas y por tanto, también las artes.

Hace muchos años atrás, cuando Marcel Duchamp presentó su obra del Inodoro en 1917 en forma de protesta, las personas en aquel tiempo no lo consideraron arte, pero hoy en día, se le conoce por haber influenciado en el arte moderno. Cuando las películas se comenzaron a presentar en los cines, el mundo y los críticos solo las consideraban medios de entretenimiento y, aquí estamos con películas galardonadas por su manera de presentar una temática o historia siendo consideradas obras de arte. Por último, en pleno siglo XXI, un nuevo medio ha salido a relucir sobre todas las cosas e incluso más que el propio cine: los videojuegos.

Los videojuegos son software creados para el entretenimiento de una o más personas, donde estas interactúan con ellos. Este fue el principal propósito de los videojuegos en sus primeros años: “entretener”. Claro, aún su objetivo es entretener, pero las cosas han cambiado desde aquel Mario que podíamos ver en la SNES, a algo mucho más subjetivo. El señor Keith Stuart, escritor del portal “The Guardian” del Reino Unido, en una entrevista que se le hizo, tomó la oportunidad de hablar acerca de este tópico en particular:

-“En términos de juegos individuales, creo que estos comenzaron a ser considerados arte cuando traían consigo temas y subtextos (…) Pero para un fabricante de juegos que quiere hacer arte, creo que el arte sucede tan pronto como ve lo que está diseñando y piensa: "Yo quiero hacer esto para decir algo, quiero que represente algo en la manera en la que me siento y las cosas en la que pienso. Eso es lo que todos los grandes artistas siempre han hecho.”

Los videojuegos, como hemos mencionado antes, han impactado tanto la sociedad como su cultura y, en consecuencia, han comenzado a pasar de ser un medio de entretenimiento a ser considerados por muchos como un arte. Aquí es donde entra la cuestión.

La palabra “Arte” es una de las palabras más ambiguas y complejas que ha existido alrededor de toda nuestra historia, cuyo significadopuede tener varios puntos de vista, siendo cada uno de estos subjetivos de cada individuo. El término según la RAE, significa una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”.

Y es aquí cuando nos preguntamos ¿Qué se busca realmente con todo esto? Toda expresión o creación por parte de nosotros que emane sentimientos entra en este significado. Así que, en sí, los videojuegos pueden ser considerados arte. Sin embargo, ¿deben de ser considerados más allá de esto? Como las obras de Picasso, Da Vinci o cualquier otro autor de una obra magnífica reconocida mundialmente, ¿podrían los videojuegos ser considerados de la misma manera? ¿Le pudieran dejar algo de enseñanza o reflexión a la humanidad? ¿Deben de ser o serán recordados por esto? Antes de responder esto, debemos aclarar otra incógnita. ¿Cuáles son las razones por las que los videojuegos deban de ser considerados arte? Verán, los videojuegos pueden ser considerados arte por varias razones, pero entre las que más destacan, está el hecho de la comunicación. Los videojuegos crean mundos, (que es al mismo tiempo un arte en sí) y este mundo nos relata el significado y el propósito del juego. Los videojuegos tienen tanto que decir a los jugadores, desde las facciones de los personajes hasta el ambiente; desde como el universo del juego funciona y como nosotros somos parte de él. Cada videojuego, como una película o escultura, proporciona una versión subjetiva y un poco alterada de la realidad que solo existe en un proyecto individual.

Sin embargo, ¿todos los juegos deben de ser considerados o vistos desde esta forma? Siento que al igual que hay películas para escapes y entretenimiento, de la misma forma habrán juegos para ello. Así que teniendo esto en cuenta, considero que aunque los videojuegos son arte, algunas excepciones son las que van a ser consideradas de esta forma.

En la actualidad, para muchos, existen ya estas excepciones. Juegos como “Journey”, que muestran la posibilidad que tienen los juegos de ir más allá de la jugabilidad a algo mucho más profundo como la estética y la comunicación, sin que la anteriormente mencionada sea mala. Juegos como “ThatDragon, Cancer”, creado por Ryan Green, relata su historia y la de su esposa lidiando con la enfermedad terminal de su hijo más joven y, nos enseñan la verdadera profundidad a la que pueden llegar a tener los juegos.

Los juegos les hablan a las personas, de una manera que las películas, libros y televisión no hacen.

Y de esta manera es cuando concluyo con decir que, si las personas no consideran a los videojuegos arte en estos momentos…lo harán, en un futuro. Los juegos en el día de hoy ya comienzan de alguna forma buscar una manera de expresar algo, sea esto objetivo o subjetivo. Por tanto, es de esperarse que esto crezca en los próximos años. Al mismo tiempo, considerando la evolución de la tecnología y de las nuevas capacidades que tendrán los desarrolladores a la hora de hacer juegos, estos serán capaces de formar nuevas experiencias con los mismos que jamás se han visto antes.

Museos como el “MoMA” (Museo del Arte Moderno de Nueva York) y premios como los BAFTA (Premios de Cine de La Academia Británica) ya presentan y galardonan juegos y los consideran arte por sus distintos aspectos. Por lo tanto, creo que cuando las personas se sientan más cómodas con este nuevo medio, serán capaces de ver más allá de él. ¡Aún somos jóvenes!

lunes, 16 de junio de 2014


Galería: Arte inspirado en Daft Punk.

Fuente: unocero.com

El ritmo electrónico de Daft Punk inspiró las 90 obras creadas por al menos 40 artistas digitales y pintores que, por segundo año consecutivo. pueden apreciarse en la Gauntlet Galery en San Francisco, California. 

Las imágenes, dedicadas al dueto francés formado por Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, están disponibles también en internet, donde están a la venta.

En la exposición participan artistas como Boneface, Rebecca Adams, Serge Gay, William Arvin,  Jeremy Enecio, Andre DeFreitas, Andrew Turner, Chris Koehler, Craig Drake, David Blake, Rocco Malatesta, Roland Tamayo, Serge Gay, Ron Guyatt y William Arvin, entre otros.
En abril del año pasado, Daft Punk estrenó oficialmente Get Lucky, el primer sencillo de su primer álbum de estudio en ocho años, Random Access Memories, el cual logró romper récord tanto en Spotify como en iTunes




Cruz-Díez convierte barco histórico en monumento deslumbrante en Liverpool.
Fuente: El Universal:

El reconocido artista venezolano, precursor del arte óptico, ha transformado el histórico barco Edmund Gardner en un monumento "deslumbrante", con su diseño inspirado en las pinturas de camuflaje para los buques de la I Guerra Mundial.


El reconocido artista venezolano Carlos Cruz-Díez, precursor del arte óptico, ha transformado en Liverpool el histórico barco Edmund Gardner en un monumento "deslumbrante", con su diseño inspirado en las pinturas de camuflaje para los buques de la I Guerra Mundial.

Cruz-Díez comentó a Efe en la presentación de la obra que estará abierta al público hasta finales de 2015, que se siente muy "honrado" de estampar en esta joya naval su diseño, una interpretación contemporánea del "arte del camuflaje bélico", que representa "luz y vida" y que será un punto de "efecto" sobre el puerto de Merseyside.

El navío, encargado por varias instituciones culturales en el marco del centenario de la I Guerra Mundial, se diluye en el paisaje marítimo con una forma casi imperceptible, aunque resulta llamativo por la energía que desprende el decorado de su cubierta.

"Estos barcos tuvieron muchas significaciones en el pasado, que he querido cambiar. Fueron barcos para escapar de la muerte, y hoy este es para el regocijo de esta ciudad", apuntó Carlos Cruz-Díez, uno de los principales representantes del movimiento cinético en el mundo.

El artista venezolano, de 90 años, se inspiró en la pintura de camuflaje "dazzle" (deslumbrante), que inventó Norman Wilkinson y se utilizó a partir de 1917 para "engañar" al enemigo sobre el tamaño y la posición de los navíos.

Construido en 1953 y conservado en perfecto estado, el Edmund Gardner es un buque piloto que se utilizaba para guiar la circulación de barcos en el puerto de Mersey y está considerado una joya naval del museo marítimo de la región.

Ahora luce en el museo Albert Dock de Liverpool con un mosaico de tonos vibrantes -rojo, verde y amarillo, junto con el negro- en su cubierta, que evocan otros colores y formas según la distancia desde la que se contemple.

"Siempre he querido decir que el color no es una cosa pintada sobre una tela, sino que es un circunstancia", dijo Cruz-Díez, para quien "el color va haciéndose, no está hecho, es una ambigüedad".

El artista, especializado en cinetismo, una tendencia que crea obras para producir la impresión o la ilusión de movimiento, comentó que ha vivido "muchísimos años en una sociedad de ciegos", haciendo "durante sesenta años lo mismo, y que ahora se empieza a entender por las nuevas generaciones".

Carlos Cruz-Díez confesó que aunque "viejito" se encuentra "bien" y se siente "estupefacto y contento" por la cantidad de proyectos que tiene, además de contar con obras expuestas en las colecciones de grandes salas como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa), en la Tate Modern de Londres y en el Centro Pompidou de París.

Con la inauguración del "deslumbrante" Edmund Gardner, bautizado como Dazzle Ship y amarrado a un dique seco, se da inicio al programa cultural "14-18 NOW", que conmemora el centenario de la I Guerra Mundial y abre al público una de las muestras que componen la Bienal de Liverpool, que comenzará desde el 5 julio hasta el 25 de octubre.

La directora del programa 14-18 NOW, Jenny Waldman, subrayó la importancia de recuperar la historia de los "dazzle ships" (o barcos de camuflaje), "desconocidos para muchas personas", y llamó la atención sobre la idea de que, "en plena guerra, los artistas fueron empleados para pintar barcos".

Junto con el navío, otras obras de arte, teatro, danza y películas componen la programación del "14-18 NOW", firmada por un centenar de artistas que "reflejan el impacto extraordinario de la I Guerra Mundial desde una perspectiva contemporánea", añadió Waldman.

La directora de la Bienal, Sally Tallant, dijo a Efe por su parte que Carlos Cruz-Díez ha convertido el barco en un "auténtico monumento público", que permanecerá expuesto hasta finales de 2015 y creará "debate" en la ciudad, haciendo reflexionar sobre el arte contemporáneo en conexión con la historia.

Los museos crecen en Nueva York
El MoMA, el Whitney y la Frick Collection, han decidido trasladar, ampliar o renovar sus sedes en busca de un mayor espacio para dar visibilidad a sus respectivas colecciones y buscando ser más atractivos para el visitante.
Fuente: El Universal.

El MoMA absorberá el edificio contiguo, anteriormente dedicado al American Folk Art Museum, y ganará más de 3.700 metros cuadrados. El Whitney deja su sede en la avenida Madison para irse al edificio de Renzo Piano a los pies del High Line y triplica el espacio para su colección permanente. Y la Frick Collection abre la segunda planta de su edificio en la Quinta Avenida e inaugurará azotea, ganando también 3.900 metros cuadrados.

Pero, ¿por qué los museos "crecen" en Nueva York?. "La colección del MoMA ha crecido significativamente en la última década y la oferta del museo crecerá en proporción", explicaba en su momento el director de la institución, Glenn D. Lowry, lo cual se debe a la "historia siempre en expansión del arte moderno y contemporáneo", aunque el proyecto sigue sin concretar fecha.

"Tenemos que ir adonde demos el mejor espacio para el arte y los artistas", aseguraba por su parte el director del museo Whitney de arte estadounidense, Adam D. Weinberg, y una de sus comisarias, Barbara Haskell, aseguraba entre bromas que "es casi una vergüenza, un escándalo que tuviéramos tantos cuadros en el almacén", algo que se solucionará en la primavera de 2015.

Y la Frick Collection, que siempre tuvo la fama de ser un museo escueto e íntimo, casi se justifica y esta misma semana, al presentar su proyecto de ampliación señalaba que la nueva ampliación (que se realizará de 2017 a 2020) promete "preservar la experiencia íntima del visitante en la mansión que han deslumbrado a los amantes del arte durante más de ocho décadas".

En el MoMA, las nuevas adquisiciones que justifican la ampliación (algunas de las cuales son objeto de una exposición estos días en su edificio de la calle 53) incluyen obras de Louise Bourgeois, Lygia Clark, Steve McQueen, Gerhard Richter o Richard Serra, así como los archivos del arquitecto Frank Lloyd Wright.

En el Whitney han abierto 1.200 metros cuadrados de terrazas en el nuevo edificio para hacer hueco a esculturas e instalaciones contemporáneas, así como una sala exclusiva para performances, disciplina cada vez más presente en los grandes museos, aunque su primera exposición será, simplemente, una recolocación inteligente de su colección de siempre dentro del estudio de la luz y el espacio de Piano.

Y en la Frick Collection, con el proyecto de Davis Brody Bond se podrán ver lo que eran las estancias privadas de Henry Clay Frick, se ampliará la biblioteca y las estancias para formación y competirán en azotea con su vecino de la Quinta Avenida, el museo Metropolitano.

Además, se dará mayor flexibilidad a sus exposiciones temporales, que en los últimos meses, como en el caso de la de Vermeer, han convocado interminables colas.

Los tres cambios han levantado suspicacias en la comunidad artística o, lo que es peor, entre la comunidad de vecinos. El MoMA por ocupar un edificio contiguo que había sido premiado por su diseño, lo que le granjeó críticas que el New York Times resumió en un demoledor (nunca mejor dicho) titular: "El museo con corazón de bulldozer".

"El MoMA no está añadiendo el edificio del antiguo American Folk Art Museum a su futuro edificio, sino que el sitio en el que ese edificio ahora se haya será parte de la expansión una vez el edificio sea deconstruido y no esté en ese lugar", aclaran desde el museo respecto al proyecto de Diller Scofidio & Renfro.

La Frick Collection ha preocupado al barrio del Upper East Side por si las nuevas estructuras entorpezcan la privilegiada vista de algunos bloques de edificios a Central Park, aunque los arquitectos han asegurado que han "abordado este proyecto con respeto reverencial hacia la mansión Frick tal como fue construida en 1913-14 y a los añadidos de 1935".

Y, por último, desde el Whitney, cuya sede actual será ocupada por el Metropolitan Museum of Art, recordaron para los más nostálgicos que no es la primera vez que la institución que atesora cuadros de Edward Hopper o Georgia O'Keeffe cambia de sede y se sitúa en el bajo Manhattan y que, en definitiva, "el museo es una idea, no un lugar".
Una beca de la Universidad de Harvard honra el arte poético del rapero Nas.
Fuente: 20Minutos.es

El tipo de la foto —tomada para promocionar el muy reciente documental Time is Illmatic, que este año inauguró el TriBeCa Film Festival (la respuesta del vecino Robert De Niro al efecto negativo del 11-s sobre el barrio)— se adentra en Queensbridge, el mayor desarrollo inmobiliario de los EE UU de viviendas sociales (projects como los mundializados por la serie The Wire). Hay cierta duda en el gesto, cierta levedad en las pisadas de las botas de cordones desatados… Quien crece en un lugar como Queensbridge desarrolla modales silenciosos. Debes ser discreto al entrar en la jungla.

El ciudadano del paso taciturno se llama Nasir bin Olu Dara Jones y en septiembre cumplirá 41 años. El alias artístico que utiliza desde 1991 es menos complejo y también menos resonante, menos político: Nas.

Es el único rapero al que una universidad, y no una del montón sino la muy selecta de Harvard —la de mayor presupuesto del planeta, la factoría académica de los rulers del mundo (Obama, JFK, Netanyahu, Salinas de Gortari, Felipe Calderón…)—, ha consagrado con una beca que honra su ars poética. El hijo de Queensbridge, que dejó las aulas a los 13 años para licenciarse en los programas académicos que se imparten sobre el asfalto, en aulas sin pupitres a las que debes entrar con los cordones de las botas desatados de todo elitismo, da nombre desde 2013 a la Nasir Jones Hiphop Fellowhsip.

Las ayudas, que serán concedidas a estudiantes universitarios que quieran analizar o investigar la “habilidad creativa excepcional” de los artistas de hip-hop, dan bastante asco —son migajas: volver a Henry James o David Foster Wallace siempre tendrá más salida— y no pueden sacudirse el tufo de la corrección falsamente igualitaria que impera en los EE UU: las becas Nas están refugiadas en el mismo nicho universitario que los estudios afroamericanos, esa toma de corriente para retroalimentar a las élites que quieren residir en Harvard desde las primeras espinillas, durante los años departamentales de sopa boba y hasta la jubilación.

No me parece bien que un artista como Nas, segregado desde la cuna, hijo de un project y amigo de chavales asesinados en las calles —como su colega de infancia e inspirador Willy Ill Will Graham, muerto a tiros en 1992—, es decir, uno de los proletarios, los sin nada, consienta la pretensión de Harvard de decorar al hip hop con birrete y toga. No le perdono la traición: como tampoco le perdono que se dedique a maldecir la marihuana y participe mientras tanto y a cambio de millones en campañas de publicidad del muy hiphopero coñac Hennessy.

Salvadas las incongruencias, con las que conviene ser tolerante porque a todos nos mojan en el chaparrón cotidiano, hay en el beneplácito de Harvard a Nas un emocionante triunfo, que jamás se daría, por ejemplo, en ninguna universidad española, donde ni siquiera el viejo rock and roll es admitido como materia de estudio salvo en excepcionales casos. ¿Cómo van a aceptar los profesores de Literatura Inglesa hispanos la potencia literaria —o metaliteraria, como gustan decir ahora— de cualquier forma de manifestación musical del siglo XX posterior al jazz si solamente empezaron a conocer a David Foster Wallace anteayer y tras un mediático suicidio?

Si algo es notable en el arte del muchacho del project desde su primer disco, el crucial Illmatic, que este año cumple veinte y el músico está interpretando en su integridad en una serie de conciertos especiales [el 7 de julio toca en el festival Ibiza Rocks], es la capacidad literaria de moldeo de las palabras como si fuesen materia líquida, las rimas desordenadas y el carácter conversacional con que Nas dice las letras —liberándolas del tono de púlpito que en ocasiones lleva el hip hop al terreno de la jaculatoria—.

En el libro Book of Rhymes: the Poetics of Hip Hop —no está traducido al español, por supuesto—, el profesor universitario Adam Bradley destaca la amplitud narrativa oral como storyteller, contador de historias, de Nas, al que considera “el mayor innovador del rap” en la búsqueda de voces expositivas y puntos de vista no tradicionales. Bradley destaca que el músico ha afrontado relatos en primera persona desde la posición de alguien que no ha nacido (Fetus), de un cadáver (Amongst Kings), de una mujer (Sekou Story), de un arma de fuego (I Gave You Power)… Formalmente ha experimentado con los relatos alegóricos (Money Is My Bitch), los epistolares (One Love) y los confesionales (Doo Rags).

Para acabar, siete líneas como siete ecos de balazos en la jungla, de New York State of Mind:

Derriba mi aliento
Nunca duermo porque 
El sueño es el primo de la muerte
Más allá de las paredes de la inteligencia
La vida se define
Pienso en el crimen 
En el estado mental de Nueva York

"Microrrevolución" de arte latino subleva al Guggenheim

En la muestra figura el creador venezolano Alexander Apóstol.
Fuente: El Universal.


Las tropas del arte latinoamericano contemporáneo entran en el Guggenheim de Nueva York con la exposición Bajo un mismo sol, en la que 50 obras seleccionadas por el comisario Pablo León de la Barra muestran la diversidad y el hilo argumental de lo que él considera una "microrrevolución" artística. 

"Es fundamental que se reconozca este cambio de mapas artísticos, políticos y económicos del mundo. Ya no podemos seguir pensando en Nueva York como centro del mundo, se tiene que abrir un diálogo con Latinoamérica, y este diálogo tiene que ser entre iguales, un diálogo horizontal", explica a Efe el comisario mexicano, quien durante dos años forma parte del Guggenheim de Nueva York. 

Las obras que ha seleccionado, de 37 artistas diferentes, no solo conforman esta exposición que ocupará el edificio diseñado por Frank Lloyd Wright en Nueva York, sino que pasarán a la colección permanente. "Que tantas obras entren de un solo golpe al museo es una cosa histórica y que ha de celebrarse", dice satisfecho. 

El himno de Estados Unidos interpretado con botellas y latas de cervezas latinoamericanas propuesto por Donna Conlon y Jonathan Harker; la carretilla con una planta con la que Wilfredo Prieto recorrió 5 kilómetros o el "minuto de libertad de expresión" que la cubana Tania Bruguera dio a sus compatriotas a través de un video, forman lo que el comisario denomina "microrrevoluciones". 

Esta exposición juega a mostrar la diversidad, pero también es el hilo conductor de artistas que comparten "pasados coloniales, pasados recientes, modernidades compartidas, historias de crisis económicas, gobiernos represivos, dictaduras... Crean respuestas y sensibilidades similares entre los artistas que investigan y responden a su entorno", asegura. 

Las respuestas abarcan muchos formatos: pintura, escultura, videoarte, instalaciones, y las secciones temáticas se dividen en la abstracción de artistas como Gabriel Sierra o Alexander Apóstol, o el arte conceptual, con Iván navarro o Alejandro Cesarco.

lunes, 2 de junio de 2014

Sentimiento Muerto un Hito del Rock en Venezuela.

Sentimiento Muerto fue una banda de rock venezolana formada en Caracas en 1981 y desintegrada en 1993. Frecuentemente categorizada como la banda más popular en la historia de la música rock en Venezuela, Sentimiento Muerto es de gran influencia en el panorama musical local. Desde su desaparición han habido varios conatos de reunión, pero ninguno se ha materializado y ningún nuevo disco ha sido grabado. En varias ocasiones la banda (usualmente con sólo Pablo Dagnino como miembro original) ha dado exitosas giras de reencuentro por el país con una nueva formación, pero estas han sido más medios de explotación comercial antes que verdaderos ejemplos de continuidad artística. En el 2001, se presentó en Caracas una obra titulada "El último sentimiento”, escrita y dirigida por Pablo Dagnino, donde con resultados mixtos narra la historia de la banda.

Historia

Se inició en el año 1981, cuando Pablo Dagnino (voz), Alberto Cabello (batería), Carlos Eduardo Troconis (Cayayo) (bajo) y Luis Poleo (guitarra) formaron Dead Feeling, una banda que versionaban temas de Sex Pistols en español y que componían letras reaccionarias y de pose anti-yanqui (Usa te usa). Dead Feeling llegó a tocar en el Poliedro de Caracas en un concierto de la Seguridad Nacional y duró hasta 1983, cuando se reagrupó con otro nombre y formación: Troconis pasó a la guitarra, Edgar Jiménez entró en sustitución de Luis Poleo en la otra guitarra, y Erwin Schaffer (Wincho) en el bajo. Pablo y Alberto se mantuvieron en sus respectivos puestos. Desde entonces se llamaron Sentimiento Muerto.
Ese año la banda adoptó a su primer manager: Gustavo Atilano. Este personaje impulsó la movida punk caraqueña a principios de los años 1980, y fue responsable de que SM adoptase el corazón tachado (diseñado previamente por Edgar Jiménez) como logotipo de la banda. Entre otra de sus ideas estuvo la estrategia de hacer presentaciones de forma improvista en fiestas privadas, sin importar si el dueño lo permitía o no. Este método de promoción estuvo unido al de grabar "casettes piratas" que distribuían entre sus conocidos. Así, Sentimiento Muerto poco a poco fue ganando una fiel fanaticada que aun se mantiene hoy en día.

Para 1986 la banda tenía nuevo manager, Helena Ibarra, quien fue esposa de Pablo Dagnino durante un tiempo. Para esta fecha la popularidad de SM se había extendido extraordinariamente y se presentaban en vivo a casa llena, frecuentemente en el Teatro Mata de Coco. Una de estas presentaciones, fue grabada en cassette y una de sus copias llegó en manos de Miguel Ríos, quien los invitó a participar en el Encuentro de Rock iberoamericano de Madrid junto a Charly García y El Último de la Fila, entre otros. La falta de experiencia y coordinación convirtió la aventura en poco menos que un desastre, pero poco después de su regresó, Sentimiento Muerto firmó un contrato discográfico con Sonorodven.
En 1987 grabaron su primer LP. El amor ya no existe fue producido inicialmente por Andrés Calamaro, pero lo terminó Fito Páez. De este disco vendieron 28.000 viniles, cifra récord para una banda de rock nacional. Ése mismo año Alberto Cabello y Edgar Jiménez abandonaron la banda y fueron sustituidos por Sebastián Araujo y José Echezuría (Pingüino), respectivamente. El segundo LP fue producido por Guillermo Carrasco en 1989. Aunque menos exitoso comercialmente (12.000 discos vendidos), les sirvió para proyectarse a nivel internacional. En Nueva York grabaron el vídeo del tema Payaso en el legendario CBCG y que estuvo en rotación en MTV Latino.
En el último LP, Infecto de afecto (1991), Wincho y Pingüino ya no pertenecía a la banda, dejando solo a Pablo, Cayayo y Sebastián como miembros. Héctor Castillo ingresó a las filas de Sentimiento Muerto, pero nunca como miembro oficial, sino como bajista invitado. La producción de Infecto de Afecto estuvo en manos del argentino Mariano López. Las ventas de este LP no superaron las 7.000 copias.




La banda se disolvió después de un viaje a Bogotá el 10 de septiembre de 1992. Entre las razones se contaron roces entre sus integrantes, falta de apoyo de la disquera y los medios, diferencias artísticas. Tras su separación la mayoría de los integrantes formaron bandas relativamente influyentes en Venezuela.